Pepe Mujica - El Presidente de Todos
30 de abril de 2009
Mujica y la policía filosófica
Por Lic. Federico Frontán Nuñez

foto de artículo

José Mujica introdujo en la campaña electoral un ingrediente peligroso: la filosofía política. Desde que el capitalismo se impuso en el imaginario social como sociedad sin alternativas, no es difícil constatar que el debate político y académico contemporáneo sobre la democracia prescinde de sus oponentes críticos. Con la desaparición del marxismo del debate, el capitalismo pudo desactivar la crítica ética más poderosa de las concepciones liberales de la sociedad. Uno de los mayores méritos de Marx fue haber intentado articular un análisis exigente de la sociedad capitalista con la construcción de una voluntad política de transformación.

Frederic Jameson ha dicho que es más fácil imaginar “el fin del mundo” que pensar un cambio o alternativa al capitalismo. Ese es el contexto donde resurge la filosofía política. La filosofía política es una tradición de pensamiento cuya finalidad es conocer y transformar la realidad en función de algún ideal relacionado con la “buena sociedad”. La reflexión sobre el orden político es concebida simultáneamente como una indagación de de carácter ético. Mujica, que es un hombre ilustrado, y seguramente el menos ideologizado de todos los precandidatos –tiene capacidad de pensar con cabeza propia – sabe que estos temas tienen actualmente un fuerte desarrollo en EE.UU. (sobretodo después de la crisis del Liberalismo real), en Europa y principalmente en China donde se invierten millones en financiar proyectos de investigación sobre la relación entre el marxismo, el confucionismo y el budismo. La línea oficial del presidente Hu Jintao es “Confucio-Marxista” y está orientada a la búsqueda de la armonía social.

En el marco de su estilo característico, Mujica ha propuesto reflexionar sobre la vida de la tribu Kung San, que trabajan menos horas, que no tienen estructuras jerárquicas, que priorizan el tiempo libre y que viven austeramente. ¿Hay algo valioso en ese tipo de vida?, ¿son más felices los Kung San que otros pueblos?, ¿se puede separar el tema de la realización personal y de la comunidad del consumo compulsivo?, ¿en realidad hay vida fuera de Occidente?

Esas preguntas me surgen después de escucharlo. Sin embargo, por lo que veo, la referencia a los Kung San – que es un modo inteligente de criticar a nuestra sociedad – desencadenó una serie de respuestas muy hostiles por parte de neoconservadores, liberales, ex comunistas, fascistas, outsiders, etc. A esa “alianza patriótica” surgida contra cualquier crítica seria de esta sociedad enajenada bien se le podría llamar Policía Filosófica.

La Policía Filosófica trabaja las 24 horas, lee los reportajes y discursos, escucha las audiciones radiales y toma nota de todo buscando excesos filosóficos. No le perdonan a Mujica (ni a nadie) que no respete la prohibición orweliana de pensar alternativas a este mundo tan desigual. En un reportaje del Semanario Voces (27/03/08), el Dr. Heber Gatto, después de exponer su anticomunismo, hizo una declaración enigmática: “(la autocrítica del MLN) La hizo sobre el guerrillerismo. No la hizo en la medida que se trasladó a ese marxismo leninismo de la III Internacional, lo cual lo digo un poco en broma pero bastante en serio”. Un tiempo después, Don Gatto aclaró sus palabras en la tertulia de radio El Espectador, donde en un encendido alegato antimarxista dijo entre otras cosas que Marx estaba refutado (lo dijo en un momento de auge de neomarxismos donde a Marx lo adoran hasta en Wall Street) y explicó que ser marxista-leninista era mantener un horizonte revolucionario. Ese es el verdadero crimen filosófico. En el mismo programa de radio se pronunciaron hace algunos días sobre el tema de los Kung San. Esteban Valenti acordó con Antonio Mercader: es inaceptable. Podría decirse que sintieron vergüenza ajena. Se escucharon allí argumentos muy elementales como por ejemplo “si todos nos convertimos en Kung San entonces el Uruguay o la civilización desaparecerían”. También se hizo una confusa referencia a Marx y a la importancia del trabajo en el desarrollo de la humanidad. Del argumento se siguió que el trabajo embrutecedor al que esta sometida la mayor parte de la humanidad tiene el interesante (plus)valor de producir la “hombría de bien” que tanto admiran los conservadores (el diario El País también editorializó con la simpleza de oponer a los que trabajan mucho de los que no quieren trabajar). Entonces, ¿los Kung San –por trabajar de un modo más racional –no son humanos?

En youtube se puede ver una entrevista a Julio Cortázar donde el escritor dice que cuando llegó a Europa trabajaba 2 o 3 horas al día en un trabajo mal remunerado pero ideal para el, porque cubría sus necesidades básicas y podía dedicar el resto de su tiempo a hacer cosas mas creativas como leer y escribir. Mujica podría haber cambiado a los Kung San por un nombre de la cultura como Cortázar para exponer su argumento. Pero de todos modos no evitaría las agresiones, tal vez en lugar de decirle que quiere volver a las “tolderías y a las cerbatanas” le dirían que quiere una sociedad de poetas y vagos. La Policía Filosófica no entiende argumentos complejos. Se queda pegada a los ejemplos concretos.

Mujica ha tenido la capacidad de reflexionar en profundidad sobre temas de la cultura que están en la agenda de los centros de irradiación cultural, sin embargo para los agentes del orden ideológico es tan bruto como ignorante. Es fácil percibir que usa un lenguaje poético lleno de metáforas y tropos literarios que permiten al hombre del pueblo entender sus ideas. Por ejemplo, la referencia al dilema de los Chanchos sobre si votar o no a Cattivelli tiene su formulación académica en las líneas de Herbert Marcuse (Sobre la critica del hedonismo,1938): “… uno de los mas descuidados enigmas de la civilización: la escondida liga inconciente que ata a los oprimidos con sus opresores”. Poder traducir un tema filosófico central para la Escuela de Frankfurt en tres palabras muestra una capacidad inusual en la comarca.

Ahora bien, yo me pregunto que pasaría si Mujica en ves de usar un lenguaje tan cuidado en términos conceptuales, usara armas filosóficas menos metafóricas, tal como lo hacen en otras partes del mundo y dijera cosas como las que dice el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos (doctorado en la Universidad de Yale y especialista en las sociedades periféricas): que vivimos en un régimen de fascismo social que es compatible con la democracia liberal. Que el primer tipo de fascismo social (reconoce cuatro) es el apartheid social que produce el liberalismo político. O si dijera cosas como las que dice Zizek coincidiendo con Alain Badiou: la lucha por la emancipación no debe centrarse ni en el Imperio ni en el Capital. El principal enemigo se llama Democracia Liberal. El argumento es simple: la democracia liberal no respeta ningún código ético. Incluso los Diez Mandamientos representan para un liberal un tipo de violencia ética ejercida sobre su derecho a hacer lo que quiera.

Si Pepe Mujica dijera algo así, enseguida le dirían que es un nostálgico anclado en los 60`, que no es demócrata y todas esas cosas. Sin embargo esas cosas las dicen hoy los filósofos top del primer mundo, esos que van de Berlín a Paris, y de Paris a New York. Los mismos con los que sueña la derecha cuando denuncia a la izquierda uruguaya de “provinciana”, “de cuarta”, “grasa”, etc. Reivindicar una filosofía política reconciliada con el pensamiento crítico es urgente en la cultura contemporánea. En este aspecto, el aporte de Mujica a la política uruguaya es invalorable. Para el, como para cualquier ciudadano con conciencia social, la crisis, la verdadera crisis –como decía Walter Benjamin –es que todo siga como está.

* Investigador uruguayo, sinólogo, redicado en Huazhong Normal University, ciudad de Wuhan desde el 2006.
Artículo publicado en el semanario Voces del 30 de abril de 2009
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